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Author Archive by Financial Times

El malestar del orden mundial posneoliberal

Rana ForooharNueva York / 03.06.2025 01:04:00

Pasé gran parte de la semana pasada en Reino Unido, asistí a una conferencia que llevaba el nombre de Más allá del neoliberalismo, organizada por los académicos Noam Maggor y Gary Gerstle, profesor emérito de la Universidad de Cambridge y miembro de Harvard, cuyo libro El ascenso y caída del orden neoliberal ayudó a sentar las bases de la historia de nuestro antiguo orden económico y la posibilidad de uno nuevo. Tengo la suerte de contar con Gerstle como mi interlocutor del Swamp Notes de hoy (esta será mi última nota en un mes, ya que estaré de permiso para escribir un libro hasta junio).

Aunque la conferencia se celebró en Cambridge, se sintió como una especie de Bidenomía en el exilio, al acoger a varios funcionarios de la antigua administración y miembros de grupos de reflexión progresistas con estrechos vínculos con la Casa Blanca de Biden, así como a muchos posneoliberales afines de Europa, Asia y muchas partes del sur global.

Hubo mucho debate sobre qué será del orden mundial posneoliberal ahora que Donald Trump adoptó algunas de sus ideas centrales, desde la reindustrialización hasta una aplicación más estricta de las leyes antimonopolio, mientras que el Partido Demócrata se encuentra dividido a partes iguales entre el populismo económico y lo que yo llamaría una nueva agenda de “abundancia” del lado de la oferta. Me refiero al libro de Ezra Klein y Derek Thompson, que, en mi opinión, trata sobre la desregulación y hacer más eficiente al gobierno. Como escribí en esta columna, ofrece algunas ideas interesantes, pero en última instancia es superficial porque no aborda los problemas de la concentración de poder. Aun así, muchos en la izquierda lo presentan como una nueva filosofía organizacional para los demócratas.

Por desgracia, salí de Cambridge con la sensación de que ninguno de los dos bandos tiene aún un mensaje ganador. En última instancia, creo que el resultado se va a decidir por medio de qué bando puede reaccionar mejor a los complejos retos económicos y geopolíticos que enfrenta EU en este momento. Consideremos tres puntos.

En primer lugar, se prevé un aumento de la inflación de forma bastante marcada. Dado que los aranceles de Trump fueron declarados ilegales y el Departamento de Eficiencia Gubernamental ha sido un fracaso, es poco probable que el gobierno logre encontrar muchos ahorros o ingresos adicionales para compensar el desastroso proyecto de ley “grande y hermoso” (es decir, enormes recortes de impuestos para los ricos). Esto significa que la Casa Blanca tratará de mantener caliente la economía durante un tiempo para intentar reducir parte de la deuda mediante la inflación, sobre todo en un momento en que los compradores extranjeros de bonos del Tesoro son cada vez más escasos. Cualquier tipo de política industrial que prefieren los populistas se endurece cuando los déficits son mayores y la inflación aumenta. Por otro lado, puede ser más fácil vender la idea de la desregulación de la vivienda —algo favorecido por los defensores de la abundancia— para crear más oferta en un momento como este.

En segundo lugar, la fabricación no creará los empleos que necesitamos. Una de las cosas en las que incluso los defensores de la política industrial estuvieron de acuerdo en Cambridge es que ese tipo de estrategias deben ir más allá de la fabricación. Como señaló el profesor de Harvard Dani Rodrik, si bien necesitamos producir algunos bienes críticos por razones de resiliencia y seguridad nacional, la tecnología está reemplazando los empleos fabriles, no solo en EU, también en China, donde se están implementando robots a gran escala. Si a esto le sumamos la destrucción de empleo relacionada con la inteligencia artificial, (vean mi última columna al respecto), necesitamos una estrategia de empleo que se enfoque más en el sector servicios de gama alta. No creo que los defensores de la abundancia aborden esto con claridad, pero puede resolverse, al menos de forma parcial, impulsando la economía del cuidado de una manera que favorecen los populistas económicos.

Finalmente, la concentración de poder es un gran obstáculo para el cambio. Como señaló el profesor de Vanderbilt, Ganesh Sitaraman, experto en antimonopolio y ex asesor de la senadora Elizabeth Warren, en la conferencia de Cambridge: “Cuarenta años de neoliberalismo crearon un poderoso grupo de corporaciones e individuos que representan una especie de oligopolio civil muy difícil de desafiar”.

En efecto. Me sorprende, por ejemplo, que en medio de una desigualdad sin precedente, no haya ningún político de izquierda, tal vez con la excepción de Bernie Sanders, que coincida en la indignación al estilo de Roosevelt contra los oligarcas (como él mismo expresó entonces: “¡Acojo con agrado su odio!”). Claro que, desde la decisión de 2010 en la Corte Suprema sobre el caso Citizens United, es difícil aceptar el odio de posibles donantes políticos, lo cual representa un gran reto para los demócratas que quieren presentarse como defensores de los trabajadores. Consideren, por ejemplo, la poca crítica real que hemos visto sobre el proyecto de ley fiscal de Trump y cómo varios senadores demócratas apoyaron los esfuerzos republicanos por integrar las stablecoins en el sistema financiero formal, lo cual, estoy convencida, será la raíz de la próxima crisis financiera. La comunidad cripto es un gran y creciente donante político, tanto de izquierda como de derecha.

Gary, me señalaste que el New Deal (Nuevo Acuerdo) no se creó de un día para otro, ni siquiera en unos cuantos años, sino que fue un proceso de altibajos que tardó casi una década en consolidarse. Así que mi pregunta es la siguiente: ¿en qué punto nos encontramos en el proceso de creación de un consenso posneoliberal? ¿Cuántos años más van a vagar los demócratas por el desierto político? ¿Van a crear los republicanos, bajo el liderazgo de Trump, una versión cinematográfica del nuevo paradigma político? ¿O se avecina algo inesperado?

Lecturas recomendadas

Esta semana voy a usar una lista de Financial Times, ya que hay muchos artículos interesantes.

-Mi colega Gillian Tett analiza el “impuesto de venganza” oculto en el proyecto de ley “grande y hermoso” de Trump. Inversionistas extranjeros en EU, tengan cuidado.

-El siempre inteligente Andy Haldane argumenta que debemos pensar menos en el PIB y más en la movilidad ascendente. Estoy de acuerdo.

-Y Sarah O’Connor advierte que la vigilancia llegó para los trabajadores administrativos. Creo que tiene razón en que esto va a reducir la innovación, y alentará a aún más personas inteligentes a buscar trabajo fuera de las grandes corporaciones. ¿Quién quiere estar vigilado las 24 horas del día, los 7 días de la semana?

Gary Gerstle responde

Gracias por estas reflexiones, Rana. Construir un nuevo consenso político o un nuevo orden es una tarea compleja que requiere mucho tiempo. Si bien la idea central que sustentaría el orden del New Deal —concretamente que un Estado fuerte era necesario para manejar el capitalismo en beneficio del interés público— irrumpió con fuerza en la sociedad estadunidense en la década de 1890, no triunfó hasta la de 1930. Los progresistas disfrutaron de victorias parciales en el camino, pero también sufrieron numerosas derrotas.

De igual manera, los intelectuales y legisladores neoliberales que se unieron en la Sociedad Mont Pèlerin en 1947 para oponerse a las economías manejadas por el Estado como el New Deal pasaron gran parte de los siguientes 30 años en el desierto político. Sin embargo, ni los aspirantes al New Deal ni los neoliberales se desesperaron. Al contrario, se aferraron a sus principios fundamentales con firmeza, con la confianza de que su momento llegaría. Al igual que Mao Zedong, se beneficiarán de comprometerse con la larga marcha.

La firmeza importa porque es difícil saber cuándo se presentará la oportunidad de alcanzar el poder. Consideremos, por un momento, el Partido Demócrata de la década de 1920, dividido entre sus votantes de las zonas urbanas y cosmopolitas del Norte y sus partidarios agrarios y supremacistas blancos del sur. Muchos pensaban que el partido podía no ganar nunca más unas elecciones presidenciales.

Sin embargo, la Gran Depresión que comenzó en 1929 lo trastocó todo, desacreditando las políticas republicanas, forjando una solidaridad en el Partido Demócrata que parecía imposible y posicionando a Franklin D. Roosevelt para ganar dos elecciones en la década de 1930 que convertirían al New Deal en la fuerza dominante de la política durante cuarenta años. Herbert Hoover nunca superó la conmoción de esa transformación.

Los responsables de la formulación de políticas de Trump ahora tratan de asestar un golpe de nocaut similar a los demócratas. De hecho, la conmoción y el asombro de los primeros cien días de Trump se parecen mucho a los de los legendarios primeros cien días de Roosevelt. ¿Los cerebros de Maga conseguirán transformar su movimiento en un orden político? Bien puede ser. Pero no apostaría por ellos a menos que mejoren un programa económico incoherente que, actualmente, se compone de recortes de impuestos para los ricos y aranceles (en constante cambio). De hecho, es mucho más probable que esta mezcla tóxica produzca un colapso financiero que una base económica sólida para un orden político duradero.

Si se produce un colapso, ¿estarán preparados los demócratas? El gobierno de Biden estaba lleno de ideas para construir una economía política progresista: inversiones en infraestructura, deslocalización para regresar al país la fabricación, la Ley de Reducción de la Inflación y medidas de competencia contra los monopolios.

Pero el gobierno también experimentó dos fracasos interrelacionados. Primero, sus políticas para contrarrestar el excesivo poder corporativo y reducir la desigualdad económica no despertaron la imaginación de sus partidarios. ¿Por qué no? La inflación, en mi opinión, es una respuesta simple. Y, segundo, el gobierno de Biden se topó con un cinismo hacia el gobierno y hacia el “Estado Profundo”, mucho más profundo y extendido de lo que ellos esperaban. Ningún movimiento progresista puede triunfar sin restaurar la fe popular en los usos positivos del gobierno. Esa restauración, que se debatió mucho en nuestra conferencia de Cambridge, tal vez se convirtió en el principal reto político progresista de nuestro tiempo.

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Los chips de Google son una amenaza para el dominio de Nvidia

Tim BradshawLondres / 09.12.2025 00:27:06

El arma secreta de Google en la carrera por la inteligencia artificial (IA) es un chip que le permitió a los modelos del grupo de búsquedas superar a OpenAI, algo que llevó a los inversionistas del sector de tecnología a reevaluar una nueva amenaza para el dominio de Nvidia.

La “unidad de procesamiento tensorial” (TPU) del grupo de tecnología, que se encuentra entre los cuatro principales, es fundamental en los esfuerzos por mejorar el rendimiento de los nuevos modelos de inteligencia artificial Gemini 3, de Google, que superaron al GPT-5, de OpenAI, en pruebas comparativas independientes.

Este evento es uno de los factores que llevaron al fabricante de ChatGPT a declarar “código rojo” la semana pasada, cuando el director ejecutivo, Sam Altman, pidió a su personal que reorientara sus recursos hacia la mejora de su chatbot y sus modelos.

Google tiene planes de aumentar más del doble la producción de sus TPU para 2028, según predicen los analistas, a medida que intensifica sus ambiciones para un procesador que, de acuerdo con la consultora de chips SemiAnalysis, está ahora “a la par con el rey de la selva, Nvidia” en el desarrollo y la ejecución de sistemas de IA de vanguardia.

Los inversionistas de Nvidia también se muestran inquietos ante la perspectiva de que Google ofrezca los TPU a clientes más allá de su propia plataforma de computación en la nube. Esto incluye un acuerdo reciente para proporcionar a la startup de inteligencia artificial Anthropic un millón de TPU, valoradas en decenas de miles de millones de dólares.

Google argumenta que la integración vertical —desarrollar hardware, software y chips de IA de forma interna— generará tanto ventajas técnicas como enormes utilidades.

Gemini 3, al igual que los modelos anteriores de Google, se entrenó principalmente con TPU. OpenAI depende principalmente de las unidades de procesamiento gráfico de Nvidia para construir los modelos de lenguaje de gran tamaño que impulsan ChatGPT.

“Lo más importante es… ese enfoque integral”, dijo Koray Kavukcuoglu, arquitecto de IA de Google y director de tecnología de DeepMind. “Creo que tenemos un enfoque único en este aspecto”.

Al combinar esto con la comprensión de cómo miles de millones de consumidores utilizan Gemini, las perspectivas generales de IA en búsquedas y otros productos le proporcionan a Google una enorme ventaja, añadió.

Morgan Stanley estima que cada 500 mil TPU vendidas a clientes externos pueden generar hasta 13 mil millones de dólares en ingresos para Google. La compañía que forma parte de los grandes grupos de tecnología trabaja principalmente con su socio de diseño de chips Broadcom, así como con MediaTek, para desarrollar los procesadores.

Los analistas de Morgan Stanley también predicen que Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) producirá 3.2 millones de TPU el próximo año, cifra que aumentará a 5 millones en 2027 y 7 millones en 2028.

“El crecimiento en 2027 es significativamente mayor de lo que se anticipaba”, dijeron los analistas del banco en una nota de investigación reciente.

Las acciones de Nvidia cayeron drásticamente el mes pasado luego de un informe en The Information en el que se indicaba que Meta estaba en conversaciones con Google para comprar TPU. Meta no quiso hacer comentarios sobre el informe.

Algunos analistas creen que Google también puede alcanzar acuerdos similares con OpenAI, xAI, de Elon Musk, o startups como Safe Superintelligence, lo que puede generar más de 100 mil millones de dólares en nuevos ingresos para Google en los próximos años.

Los expertos añaden que las herramientas de programación basadas en IA pueden facilitar a los potenciales clientes de TPU la reescritura de su software, que hasta ahora se ha desarrollado en gran medida sobre la plataforma Cuda, propiedad de Nvidia.

Nvidia trata de disipar las preocupaciones del mercado, al afirmar que se mantiene “una generación por delante de la industria” y que es “la única plataforma que ejecuta todos los modelos de IA”, y añadió: “Seguimos abasteciendo a Google”.

Agregó que ofrece “mayor desempeño, versatilidad y fungibilidad” que procesadores como las TPU, “diseñadas para entornos o funciones de IA específicos”.

Los orígenes de las TPU de Google se remontan a una presentación interna en 2013 de Jeff Dean, el veterano científico jefe de Google, luego de un gran avance en el uso de redes neuronales profundas para mejorar sus sistemas de reconocimiento de voz.

“La primera diapositiva decía: ¡Buenas noticias! El aprendizaje automático por fin funciona”, dijo Jonathan Ross, ingeniero de hardware de Google en ese momento. “La segunda diapositiva decía: ‘Malas noticias: no podemos costearlo’”. Dean calculó que si los cientos de millones de consumidores de Google usaran la búsqueda por voz solo tres minutos al día, la compañía tendría que duplicar la superficie de sus centros de datos tan solo para cumplir con esa función, con un costo de decenas de miles de millones de dólares.

Ross, quien ahora dirige Groq, la startup de chips de IA, explicó que comenzó a trabajar en TPU en 2013 como un proyecto paralelo, ya que coincidió con un equipo que trabajaba en la tecnología de reconocimiento de voz de Google.

“Construimos ese primer chip, creo, con 15 personas”, dijo Ross en una entrevista para un pódcast en diciembre de 2023.

El proyecto escaló rápido. Una de las primeras aplicaciones fue la famosa victoria de 2016 del programa AlphaGo de Google DeepMind contra el campeón mundial del juego de mesa Go, Lee Sedol. El partido se considera un hito de IA.

Durante varios años los chips han impulsado muchos de los servicios principales de Google, como búsquedas, publicidad y YouTube.

Google suele lanzar una nueva generación de TPU cada dos años, aunque desde 2023 esa frecuencia se redujo a actualizaciones anuales. “Google Cloud tiene una demanda tanto de nuestras TPU personalizadas como de las GPU de Nvidia”, dijo un portavoz de Google. “Nos comprometemos a ofrecer soporte para ambas, como lo hemos hecho durante años”.

Con información de: Melissa Heikkilä y Hannah Murphy


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