En los últimos dos o tres años, el sector de los videojuegos ha vivido una transformación que ha ido mucho más allá de la evolución técnica del hardware. Son muchas las compañías que están intentando consolidar el gaming en la nube como la evolución natural, y con servicios como GeForce NOW o Xbox Cloud Gaming, esto ha pasado de ser una promesa a una realidad tangible. Pero este hecho suscita una pregunta: ¿dejaremos de necesitar PC y consolas de altas prestaciones para gaming?
La respuesta no es sencilla de predecir, ya que el cambio no depende solo de la oferta de las compañías sino también de la infraestructura y, por supuesto, de la aceptación de los usuarios. Aunque el juego en la nube permite a cualquiera disfrutar de juegos exigentes en dispositivos modestos, también hay limitaciones muy claras como la latencia o la calidad de la conexión, factores muy determinantes en este ámbito.
El papel del hardware en un futuro dominado por la nube
Aunque tanto el PC como las consolas continúan evolucionando con hardware cada vez más potente, fabricantes como ASUS, Razer o Logitech han apostado por dispositivos dedicados al gaming en la nube, mientras que otros gigantes como Amazon con Luna o Google en su momento con Stadia y ahora incluso Netflix están buscando posicionarse en el mundo de los juegos interactivos como ya lo hizo el streaming audiovisual.
La gran incógnita es cómo quedará el papel del hardware tradicional en este contexto. Si el gaming en la nube sigue creciendo al ritmo al que lo hace ahora, es posible que los PC y las consolas de alta gama queden como un simple nicho para los más entusiastas, mientras que la mayoría de los usuarios accedería a sus videojuegos favoritos utilizando dispositivos móviles, consolas portátiles o incluso en simples mini PC baratos.
No obstante, bajo nuestro punto de vista esta transición no será inmediata, ni siquiera a medio plazo. El motivo es que aunque la nube ofrece una gran flexibilidad, la experiencia de juego no alcanza el nivel que puede ofrecer el hardware local, algo que tiene mucha más importancia cuando hablamos de juegos competitivos o que buscan una gran fidelidad gráfica. De ahí que para muchos jugadores, un PC gaming o una consola de última generación sigan siendo indispensables.
Por otro lado, la industria del hardware no va a detenerse por el gaming en la nube. A pesar de que muchos fabricantes ya tienen dispositivos dedicados para ello, la llegada de nuevas generaciones de procesadores y tarjetas gráficas siguen marcando hitos en rendimiento, y el mercado de monitores con alta frecuencia de refresco y tecnologías avanzadas demuestra que este mercado es todavía muy fuerte. Lo que sí podría suceder es una segmentación más clara: el hardware de gama alta para los que buscan la mejor experiencia y el gaming en la nube como alternativa para quienes priorizan la comodidad y el precio.
El gaming en la nube también entraña ciertos riesgos
Más allá de la experiencia de juego, el futuro del gaming en la nube depende de otros factores, especialmente tecnológicos. La expansión de las redes de fibra óptica, la llegada de la tecnología WiFi 7 y el despliegue de la conectividad 5G serán determinantes para reducir la latencia y mejorar la estabilidad del gaming en la nube. En países con una infraestructura avanzada esto no debería ser demasiado problema, pero en regiones con conexiones más limitadas el hardware tradicional seguirá siendo la opción predilecta.
| Resolución | Velocidad Mínima (Mbps) | Framerate | Servicio tomado como ejemplo |
|---|---|---|---|
| 720p (HD) | 15 Mbps | 60 FPS | GeForce NOW |
| 1080p (FHD) | 25 Mbps | 60 FPS | GeForce NOW |
| 1080p (FHD) | 35 Mbps | 240 FPS | GeForce NOW |
| 1440p (QHD) | 35 Mbps | 120 FPS | GeForce NOW |
| 4K (UHD) | 45 Mbps | 120 FPS | GeForce NOW |
Finalmente, bajo nuestro punto de vista también está el problema de la preservación de los videojuegos. En un modelo en el que todo depende de servidores de terceros, los usuarios pierden el control sobre sus bibliotecas. Por ejemplo, el cierre de Google Stadia, efectivo el 18 de enero de 2023, es el ejemplo más claro de este riesgo. A pesar de que Google procesó reembolsos completos por el hardware y los juegos adquiridos, los usuarios perdieron de forma irreversible todo su progreso y las partidas guardadas, que representaban cientos de horas de juego. El usuario no es propietario del juego por el que ha pagado, es un mero suscriptor a un servicio, y aun estando este precepto claro sigue siendo un riesgo.
En definitiva, el cloud gaming puede representar una gran comodidad ya acceso inmediato a los juegos, pero también una dependencia total de unas infraestructuras que no siempre garantizan que la experiencia sea buena.